Poema Cien

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Y él me rompió el pecho y las manos; y ella explotó lucífuga en otra canción; y qué más da. Soy el viento, soy la pupila libre o roja o de azul líquido. Y me salgo de las naves y me salto de las naces y me salvo de las nadies. Para abrir tus puertas, mujer del mañana-hoy, romperé las calles todas y desangraré todas las meditabundas noches y será la palabra 'ven' en tus labios la que me nazca la vida.

1 comentarios:

desde nuestro lado dijo...

¿Por qué los barcos anclan en la orilla?

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Amaru